
por Pablo
Rego | Beber agua es un acto cotidiano. Lo hacemos sin pensarlo: al despertar,
durante el día, después del ejercicio. Sin embargo, existe una realidad poco
explorada que merece nuestra atención: no siempre lo que bebemos se traduce
en hidratación real para el organismo. Aunque parezca contradictorio, es
posible que tu cuerpo retenga, se hinche o no utilice eficientemente el agua
que consumes. Esta aparente paradoja surge de una comprensión errónea de lo que
significa “hidratarse” y de cómo el cuerpo humano pone en movimiento sus
mecanismos internos para que el agua llegue, verdaderamente, a donde se la
necesita.
En este
artículo vamos a profundizar en esta experiencia desde tres ámbitos que se
interrelacionan: el cuerpo físico, el sistema nervioso y el yoga como
práctica consciente. No se trata de desestimar el agua, sino de entender
que la hidratación no es solo una cuestión de cantidad, sino de calidad, de
movimiento y de estado interno.
En nuestra
cultura de la salud, es común escuchar recomendaciones del tipo “bebe ocho
vasos de agua al día”. Esta mirada estadística parte de una intención
saludable, pero queda corta cuando hablamos de cómo el cuerpo recibe,
distribuye y utiliza el agua.
El agua que
entra al organismo puede:
- Ir al espacio intersticial, entre células,
- Quedarse en el torrente
circulatorio,
- Ser utilizada por las células
para sus procesos vitales.
Solo cuando
el agua logra ser incorporada al interior celular podemos hablar de
hidratación profunda. Si no, esa agua puede quedarse “estancada”, generando
sensación de hinchazón, acumulación de líquidos o incluso retención de agua.
¿Qué es la retención de líquidos y por qué sucede?
La retención
de líquidos no es solo un problema estético —es un síntoma de que los
mecanismos de intercambio de líquidos del cuerpo no están operando de manera
eficiente. Puede aparecer en personas con movimientos corporales
disminuidos, con estrés crónico, con desequilibrios hormonales o con
alteraciones en la circulación linfática.
Desde el
punto de vista fisiológico, la retención ocurre cuando:
- El sistema linfático no logra
drenar adecuadamente los líquidos intersticiales.
- El equilibrio de electrolitos
—como sodio, potasio y magnesio— está alterado.
- El sistema nervioso se
encuentra en un estado de alerta, interpretando que el ambiente es
“amenazante” y promoviendo la conservación de agua como medida de
protección.
En estos
estados, el agua que se ingiere no se convierte eficientemente en
hidratación celular, sino que se queda acumulada en el espacio
extracelular. Este fenómeno se confunde a menudo con “estar bien hidratado”,
cuando en realidad puede ocultar disfunciones más profundas.
La importancia del sistema nervioso en la hidratación
El cuerpo
humano es un sistema integrado: cuando hablamos de hidratación, también
hablamos de estado interno, tono nervioso y respiración. El sistema
nervioso autónomo regula procesos automáticos como la circulación, la
digestión, la función renal y la distribución de líquidos. Si este sistema está
dominado por el modo “lucha o huida”, el organismo se mantiene en tensión,
priorizando la supervivencia inmediata por sobre los procesos de nutrición y
renovación celular.
En estado de
estrés, se activan hormonas como el cortisol y la adrenalina, que:
- Reducen la eficacia del riego
sanguíneo hacia tejidos periféricos,
- Alteran el intercambio entre el
líquido intra y extracelular,
- Promueven la conservación de
agua como estrategia de defensa.
Esto explica
por qué hay personas que, aun bebiendo grandes cantidades de agua, sienten:
- Hinchazón,
- Sensación de pesadez,
- Boca seca,
- Necesidad de orinar
constantemente.
Estas son
señales de que el agua no está siendo usada de manera óptima, y no se
debe a “beber poco”, sino a que el cuerpo no está preparado para recibirla
profundamente.
Electrolitos, calidad del agua y su papel en la
hidratación
No toda el
agua es igual. La calidad del agua que ingerimos influye en cómo nuestro
cuerpo puede aprovecharla. El agua con minerales —como sodio, potasio y
magnesio— favorece el equilibrio de voltajes y cargas en las membranas
celulares, facilitando el movimiento de moléculas de agua hacia el interior
celular.
Cuando el
agua está desmineralizada o “sin estructura”, puede:
- No aportar electrolitos
necesarios,
- Alterar el balance osmótico,
- Volverse menos eficaz para la
hidratación profunda.
Esto no
significa que el agua “natural” siempre sea mejor —depende de su origen— sino
que una hidratación eficaz exige un balance de líquidos y minerales.
Yoga: un camino para mejorar cómo el cuerpo recibe el
agua
Aquí es
donde el yoga entra como práctica corporal y también como vía para restablecer
condiciones internas que favorezcan la hidratación verdadera. El yoga no es
solo estiramiento o ejercicio; es una práctica integral que afecta el
sistema nervioso, la respiración y la percepción del cuerpo.
Tres efectos del yoga que favorecen la hidratación
- Reducción del tono de alerta
del sistema nervioso
- Las
prácticas de respiración consciente, como pranayama, y las
posturas suaves promueven la activación del sistema nervioso
parasimpático —el sistema de descanso y digestión—, reduciendo la tensión
interna.
- Esto
crea condiciones más favorables para que el agua sea “recibida” por las
células.
- Mejora del movimiento linfático
y circulatorio
- Las
asanas (posturas) que implican contracción y relajación muscular
favorecen el retorno venoso y la circulación linfática.
- El
líquido que antes se quedaba estancado puede moverse más libremente,
facilitando el intercambio de agua entre compartimentos
. - Conexión respiración–cuerpo
- La
respiración profunda y consciente mejora la oxigenación, reduce la
tensión, y establece un diálogo interno que favorece la homeostasis —el
equilibrio orgánico—.
- Cuando
respiras desde el abdomen, ayudas a que el diafragma estimule la
circulación y la dinámica interna del cuerpo.
Práctica simple de yoga para apoyar la hidratación
A
continuación comparto una práctica breve que puede ser útil, especialmente
después de haber bebido agua o al inicio del día:
- Sukhasana con respiración
consciente
- Siéntate cómodamente, espalda erguida.
- Manos sobre el abdomen.
- Inhala lentamente por la nariz, sintiendo cómo el abdomen se expande.
- Exhala
suavemente, permitiendo que el abdomen se relaje.
- Torsiones suaves
- Desde posición sentada, gira el tronco a la derecha, mantén la postura, vuelve al centro, gira a la izquierda.
- Esto
facilita la movilidad de órganos internos y favorece la circulación.
- Viparita Karani (postura de
piernas arriba)
- Si puedes hacerlo con apoyo en la pared, permanece 3–5 minutos.
- Esta
postura mejora el retorno venoso y ayuda a que el cuerpo recupere
fluidez.
No se trata
de una “receta”, sino de una práctica consciente que habilita al cuerpo para
recibir los beneficios del agua de manera más profunda.
Más allá de la cantidad, hacia la calidad de la
hidratación
Hidratarse
no es simplemente beber más agua. Es crear condiciones internas
—físicas, nerviosas y energéticas— que permitan que esa agua sea utilizada,
incorporada y distribuida por el organismo. Cuando el sistema nervioso está
relajado, cuando los electrolitos están en equilibrio y cuando el cuerpo está
en movimiento y en escucha, el agua deja de ser algo que ingresa y sale sin
transformarse, y se vuelve una parte viva de los procesos orgánicos.
El yoga, con
su enfoque integral, nos ofrece herramientas poderosas para restablecer ese
diálogo interno y favorecer estados que no solo mejoran la hidratación, sino
también nuestra relación con el cuerpo y con la respiración.
En última
instancia, la hidratación profunda es el resultado de un cuerpo disponible,
no solo de un vaso en la mano.
Profesor de Yoga
Diplomado en Ayurveda
Terapeuta holístico
Escritor







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