18 nov. 2019

Recordar quienes somos, la salida hacia el autocontrol y el equilibrio.

por Pablo Rego | El estilo de vida que llevamos, especialmente en el ámbito de las obligaciones que contraemos para mantener un lugar o posición en la sociedad, hace que muchas veces terminemos perdiendo de vista nuestros estados internos al esforzarnos por responder a todo lo que los demás esperan o pretenden de nosotros, lo que nos conduce a un estado de fatiga mental y física, desgano y angustia sin que percibamos cuál es la causa.


Foto ©Freepik.com
Sobre todo en las actividades laborales y dentro de ellas en el mundo de las relaciones personales, pero también en los centros de educación o formación, se dan situaciones en las que las exigencias a las que son sometidas las personas para llevar a cabo las tareas o la manera en la que los actores de la sociedad contemporánea se conducen y relacionan, crean un enajenamiento que parece ser la norma, ya que la aceptación de unas reglas de juego en las que el ser humano no está en el centro de la escena nos llevan al olvido de lo que somos realmente.

Aún en el desarrollo de las actividades que conllevan una responsabilidad debemos tener en cuenta quienes somos y el roll que estamos llevando a cabo. El enajenamiento de ello nos conducirá inevitablemente al conflicto interno, al desequilibrio y, tarde o temprano, a la enfermedad.



Pero ¿quiénes somos?

Sin querer dar por sentado que todos los seres humanos tenemos en claro, o por lo menos estamos explorando el camino que nos conduce a ello, quiénes somos, qué somos, cuáles son o deben ser nuestras prioridades, es interesante detenerse un instante a reflexionar sobre ello ya que si no lo hacemos el resto nos tratará como si lo supiésemos y el no saberlo nos impedirá poner límites a los demás para mantenernos más o menos cerca de nuestro centro de poder.

El centro de poder es aquel lugar energético, psicológico, emocional y mental en el que sabemos hasta donde llegar, cuanto ceder, si nos conviene o no aceptar ciertas situaciones, etc. Si no sabemos en dónde está ese lugar que fundamentalmente se siente en uno mismo, es importante que dediquemos tiempo y esfuerzo a averiguarlo porque encontrándolo conseguiremos evitar situaciones desgastantes, alienantes y que producirán trastornos tales como preocupaciones, estrés, desequilibrios fisiológicos, insomnio, depresión y un largo etcétera, que seguramente, si tenemos la oportunidad de evitarlo, ni siquiera nos interese vivenciar en carne propia.

Es buena idea pensar en el término “Ser Humano” en su más amplia acepción y tratar de llegar, sin necesidad de perdernos en territorios muy complejos de la filosofía o la metafísica, a una definición simple, pero que nos permita tener presente siempre el concepto.



Somos Seres presentes, con una mente racional y una inteligencia resolutiva que puede ser utilizada para cumplir determinadas funciones, pero además poseemos elementos invisibles que muchas veces son ignorados o ninguneados adrede como la energía, la consciencia o las emociones.

A estas alturas de la evolución de la humanidad y con varias décadas de investigación y demostraciones científicas, no hay dudas de la importancia de tener en cuenta lo fundamental de tomar plena consciencia de que, aun cuando estamos realizando tareas que pueden parecernos menores o estamos ocupándonos de nuestro hogar y familia, cuando estamos estudiando o trabajando, siempre, llevamos con nosotros todas las dimensiones de lo que somos. Por lo tanto es importante tener presente que aunque se pretenda y se nos exija que cumplamos múltiples tareas, a una velocidad extrema y en unas condiciones de alto estrés o alta presión, somos esos Seres que, más allá de resolver tareas, nos emocionamos, somos influidos y recorridos por la energía que además emanamos a través de nuestros centros energéticos. Todo ello nos influye tanto en el plano sutil como en el físico.

Tener presente en todo momento quienes somos nos puede ayudar a prevenir dificultadas de diferente tipo en nuestro organismo, evitando caer en situaciones de alto desgaste a las que muy probablemente lleguemos sin saber bien cómo.

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¿Cómo evitar desequilibrarnos?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que para desequilibrarnos primero hay que estar equilibrados. Si lo normal en nuestra vida cotidiana es el desequilibrio permanente no sólo no podremos administrar nuestra propia energía y recursos más esenciales sino que, además seremos fácilmente manipulados y utilizados como la prolongación de otro u otros para conseguir sus propios objetivos. Por lo tanto es importante realizar actividades o rutinas que nos lleven a ese equilibrio que resultará nuestro punto de referencia al que poder regresar.

Dedicar algo de tiempo a realizar actividades para la liberación de las tensiones y el estrés tales como Yoga, Meditación o terapias como el Reiki o Masajes es un camino certero que nos ayudará a encontrar esa sensación o clima interior al que dirigirnos cuando sea necesario buscar la calma o el equilibrio.

Dentro de estas actividades existen una serie de rutinas que pueden practicarse a menudo y de las que podremos tomar algunas para crear pequeñas rutinitas que podemos practicar durante el día. Por ejemplo, la técnica de desarrollo, control y equilibrio de la energía a través de la respiración llamada “Pranayama” nos proporciona varios ejercicios que nos pueden ayudar a detener el tiempo y volver al centro.

La Meditación es una gran aliada en el intento de permanecer conectados con nuestras sensaciones más profundas mientras vivimos el día a día dentro del intenso, y a veces despiadado, mundo de hoy. Aprender a aquietarnos y silenciar la mente puede ser fundamental en momentos de estrés o pérdida de la energía vital a manos de la realización de actividades intensas y de alta exigencia.

También existen técnicas de relajación que pueden ser aprendidas y practicadas hasta ser incorporadas a la vida diaria y utilizadas cuando las necesitemos. Normalmente la práctica de Yoga incluye la Relajación profunda, tanto como la Meditación y Pranayama.


Estableciendo prioridades.

Una vez que asumimos que es importante tener siempre presente quienes somos y que no hay ninguna razón, ni material, ni afectiva, ni de ningún tipo para alejarnos de ello, entonces podemos concluir que aunque se pretenda que dejemos absolutamente todo de lado para realizar cualquier tarea, no debemos ceder nuestras calma, ni perder de vista aquellos factores que hacen que Vivir sea mucho más que sobrevivir.

Aunque durante el día estemos muy atareados es importante que aprendamos a dedicar algunos momentos, cinco minutos, tres o cuatro veces al día, para reconectar con aquellas técnicas que vamos aprendiendo, pero también con la consciencia de Quienes somos; O, mantener esa consciencia a través de las herramientas disponibles.

Si tenemos en cuenta permanentemente quienes somos y que lo que hacemos, aun realizando  actividades cotidianas, rutinarias y de alta intensidad que resultarán parte de la experiencia que adquirimos día a día como seres conscientes para nuestro desarrollo como individuos, podremos advertir cuando se estén dando situaciones de sobre-exigencia o abusos de cualquier tipo, consiguiendo liberarnos de ellas a través de la práctica del foco en nuestra consciencia.

En última instancia, aunque nos parezca que hacer este proceso nos va a llevar a la necesidad de cambiar, por ejemplo, de trabajo, si eso nos va a ayudar a estar más alineados con nuestros equilibrios que al final van repercutir en nuestra Salud, entonces deberemos tomar cartas en el asunto y poner en primer lugar lo más importante.

©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Terapeuta holístico
Diplomado en Medicina Ayurveda de India



1 nov. 2019

Sincroniza la mente y el corazón con el sonido primordial “OM”

por Pablo Rego | La pronunciación del sonido “OM” se ha vuelto un arquetipo que se ha difundido por toda nuestra cultura acompañando al meditador sentado que inevitablemente se relaciona con Yoga o la práctica de la meditación. Pero este vínculo con la vibración energética más sagrada y pura es tan simple como profundo y su utilización resulta una invocación al origen de la existencia y a la presencia de lo que ES, más allá del tiempo y de la mente humana.


Cuando pronunciamos “OM” creamos una vibración que se sincroniza con la Consciencia Universal. Esas frecuencias de energía están presentes más allá de nuestra comprensión intelectual o nuestras creencias. Pronunciar “OM” con un sentimiento de conexión que nos vincule con la esencia de la Vida es abrir las puertas a las dimensiones más sutiles de nuestra manifestación, como seres energéticos y conscientes que somos.

Conexión corazón-mente

El cuerpo físico es una caja de resonancia. Cuando luego de una inhalación profunda dejamos salir lentamente el aire y hacemos vibrar las cuerdas vocales induciéndolas a crear el sonido “O” (al que luego le sumaremos la vibración “M”), podemos conducir esa vibración hacia el pecho en donde el tórax resonará y el sonido vibrará perfectamente.

Si al hacer vibrar el pecho conectamos con nuestro Anahata Chakra ó centro de energía emocional podremos sincronizar la vibración de esa zona del cuerpo y especialmente del corazón con la consciencia del Amor, que es la frecuencia con la que se manifiesta la Consciencia Universal a través de nuestro Ser.     

Una vez establecida esa conexión, podemos llevar la vibración a través del cuerpo físico hacia la cabeza, en donde iremos transformando la “O” en una “M” que haremos vibrar en el cráneo para sincronizar la frecuencia vibratoria del “OM” con la zona de alta frecuencia de nuestro cuerpo energético, activando los chakras superiores.

Para conseguir comunicar conscientemente ambas zonas, emocional y mental o corazón y cerebro en el plano físico, es importante mantener la vibración sin interrupciones prestando atención a cómo ésta va recorriendo el cuerpo físico, como si una sola cuerda se mantuviera en vibración mientras el “OM” se halla presente.


Intención.

Lo que sentimos mientras pronunciamos “OM” o cuando se produce cualquier pensamiento o acción en nuestra vida, conduce la energía hacia una manifestación vibracional determinada, influyendo en nuestro mundo sutil y a través de él, en nuestro mundo físico.

De la misma forma que produciendo pensamientos destructivos o negativos podemos crear enfermedades o boicotear nuestras propias creaciones (algo completamente demostrado ya en estos tiempos), conectando con imágenes creativas o positivas reforzaremos aquellos factores que pueden inspirarnos y ayudarnos a alcanzar estados de serenidad o la fuerza necesaria para resolver dificultades o crear nuevas realidades.

Si al pronunciar “OM” nuestra intención es la de liberarnos de todo pensamiento y prejuicio y abrimos nuestra consciencia a la influencia de la Consciencia Universal, de la que somos parte aunque podamos olvidarnos durante grandes lapsos de tiempo, esa fuerza omnipresente atravesará libremente nuestro cuerpo y se manifestará con toda su pureza y fuerza transformadora en nuestras vidas.

La práctica del “OM” puede ser tan potente como nos lo permitamos y dejarnos llenar por lo que la vibración de nuestro “OM” más perfecto produciéndose en el cuerpo sea capaz de atraer es, sin lugar a dudas, la forma más simple y potente de conectar con la presencia esencial, eterna e infinita de la existencia.


¿Qué es OM?

Desde el origen de los tiempos el Ser humano expresa su relación con la materia. Todas las religiones hablan del sonido (verbo) como fuente energética de toda la creación. El estudio cuántico del comportamiento de la materia y su densidad comienzan a explicarnos en la actualidad esas lecturas milenarias que el Ser humano ha hecho siempre de su entorno sutil, de la conducta de la materia, su origen y desarrollo multidimensional.
Para el universo intelectual del Yoga, ese sonido original y originario es Om. Su símbolo en Sánscrito (silabario Devangari) es

También expresado de manera deconstruida en tres elementos a+u =O y m=M ó AUM, representa también la base del equilibrio o la presencia de la manifestación de la materia, la tercera dimensión, en la que los humanos nos manifestamos como seres materiales, en un cuerpo físico que se desarrolla en el tiempo hasta su degradación  a lo largo de nuestras vidas terrenas.


Como sonido primordial, la vibración que se produce al pronunciar el OM como mantra, nos reconecta con la esencia de TODO, con el origen de la existencia, con lo que está antes de todo lo explicable. Como mantra primordial, OM nos re-conecta con la consciencia pura y es por ello que muchos mantras, o pequeñas oraciones a diferentes manifestaciones energéticas o deidades, contienen el sagrado sonido OM en alguna de sus sílabas.



El mantra primordial OM, puede repetirse solo, una y otra vez, como en la meditación de los ciento ocho OM que se realiza en India cuando se pone el sol, o sólo algunas veces, como suele ocurrir en las sesiones de yoga, dejándose invadir por la vibración de su sonido. OM tiene muchas más connotaciones y forma parte de innumerables textos y desarrollos del pensamiento humano, ya que es un sonido que nos acompaña desde hace miles de años o, quizá, millones.

Para quien se inicia en el conocimiento del Yoga, el sentido de la utilización de este mantra comienza a tener valor toda vez que el practicante se relaciona con esta sílaba poderosa que forma parte de las sesiones de Yoga, aunque sea, a modo de ritual, como mantra omnipresente o como vibración armonizadora del Ser. 


©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Terapeuta holístico
Diplomado en Medicina Ayurveda de India



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