
por Pablo Rego | Existe un
mecanismo silencioso que opera en el centro de nuestras decisiones diarias,
dictando lo que creemos posible y marcando los límites de nuestra acción sin
que lleguemos a cuestionarlo verdaderamente. Se trata del relato interno o mito
personal: esa construcción mental sostenida en el tiempo que termina
funcionando como una identidad fija.
Con
frecuencia, esa historia se apoya en dos argumentos dominantes: la condición de
víctima ante las circunstancias o la exigencia innegociable del sacrificio
constante. Ambas posturas, aunque parezcan opuestas, responden a la misma
lógica defensiva de la mente egoica. La primera busca justificar la inmovilidad
culpando al entorno o al pasado; la segunda busca validar la existencia a
través del agotamiento, bajo la idea de que nada vale la pena si no se consigue
mediante el sufrimiento. Ninguna de las dos opciones aporta libertad ni
claridad; ambas son trampas de la mente que consumen energía vital y distorsionan
la vivencia del presente.
La trampa de las narrativas internas: Víctima versus
Luchador
Para
comprender cómo opera el mito personal en nuestra cotidianeidad, es fundamental
analizar las dos vertientes principales en las que la mente suele quedar
atrapada:
1. La narrativa de la víctima
Esta postura
se alimenta de la justificación constante y de la proyección del poder hacia el
exterior. Al convencernos de que los acontecimientos, las personas o el pasado
determinan nuestro presente, la mente encuentra un refugio cómodo pero
paralizante. La inmovilidad se disfraza de imposibilidad real, y la persona
renuncia a su capacidad de transformar su propia experiencia.
2. La narrativa del esfuerzo constante
Por otro
lado, la exigencia del sacrificio permanente se apoya en el mandato del deber y
en la culpa subyacente. Esta creencia sostiene que la paz o el reconocimiento
solo se alcanzan tras un desgaste extremo. Aquí, la acción no nace de la
inspiración o de la coherencia, sino de la necesidad de demostrar valía a
través de la tensión y el agotamiento del sistema nervioso.
Ambas estructuras son formas defensivas que el ego utiliza para evitar el contacto directo con la realidad del momento presente.
Desmantelar
esa narrativa no implica inventar una fantasía optimista ni tapar las
dificultades con discursos ajenos o positivismo tóxico, sino tener el coraje de
observar el guion sin identificarse con él. Cuando nos detenemos a examinar la
queja o el cansancio crónico, descubrimos que no estamos reaccionando al hecho
actual, sino a la interpretación acumulada que hacemos de él. El personaje que
sufre y el personaje que se agota para demostrar su valor son solo roles
aprendidos, hábitos de pensamiento que se repiten por inercia.
Mientras la
atención permanezca atrapada en sostener esa imagen, la energía vital queda
bloqueada en un bucle repetitivo. Romper ese ciclo exige pasar de la
reactividad a la observación consciente, retirándole el crédito a las historias
que nos achican y reconociendo el espacio de quietud que permanece intacto
detrás del ruido mental. La deconstrucción del mito personal no es un proceso
intelectual de análisis infinito, sino un acto de presencia pura. Cuando
aplicamos la atención plena y el autoconocimiento en el día a día, la mente
empieza a ceder espacio a la Consciencia.
Habitar el presente y recuperar la potencia real del
Ser
Al dejar de
alimentar la narrativa de la falta, la percepción se aclara y la acción
recupera su fluidez natural. El poder verdadero no se consigue luchando contra
las propias sombras ni tratando de dominar el mundo exterior, sino habitando el
presente desde la neutralidad del observador. Allí es donde la fuerza deja de
ser un esfuerzo forzado y se transforma en un movimiento coherente, alineado
con lo que realmente somos.
Estructurar
la propia vida desde la verdad del Ser no es crear una nueva máscara para
mostrar hacia afuera, sino desnudarse de los condicionamientos que nublan la
consciencia. Es asumir el protagonismo absoluto de la propia postura ante la
vida, reconociendo que cada instante ofrece la oportunidad de responder con
lucidez, firmeza y eje. En la tradición del Yoga y la filosofía oriental, se
enseña que el sufrimiento surge de la identificación con las fluctuaciones de
la mente (vrittis). Cuando logramos distanciarnos de esas construcciones
narrativas, la energía que antes se destinaba a sostener el personaje queda
disponible para la vida.
Cuando la mente se vacía de explicaciones innecesarias y el cuerpo se asienta en su propio centro, la existencia deja de vivirse como una batalla constante. Se abre entonces una perspectiva distinta, donde la serenidad no depende de los resultados y la voluntad se vuelve precisa. Habitar la verdad del Ser es recordar que la plenitud nunca estuvo ausente, sino cubierta por el polvo de viejas historias. Al despertar de ese letargo, recuperamos el mando de nuestro propio camino y nos paramos en el mundo con la certeza de quien ya no necesita defenderse para manifestar toda su potencia.
Claves para desmantelar la narrativa de la víctima y
el esfuerzo
- Reconocer el discurso interno: Observar las palabras y
argumentos habituales que empleamos para justificar el cansancio o la
falta de acción.
- Pausa y respiración consciente: Ante la reacción automática,
volver al cuerpo y al centro antes de responder a las demandas del
entorno.
- Aceptar el presente sin juzgar: Aceptar el punto de partida
actual no significa resignación, sino el fin de la lucha estéril contra lo
que ya es.
- Actuar desde la coherencia: Sustituir la acción forzada
por movimientos alineados con nuestros valores esenciales y el bienestar
integral.
Preguntas Frecuentes sobre el Mito Personal y el Ser
¿Qué es el mito personal y cómo afecta nuestras
decisiones?
El mito
personal es el conjunto de creencias y relatos inconscientes que construimos
sobre quiénes somos. Afecta nuestras decisiones porque delimita lo que
consideramos posible, condicionando nuestras reacciones y elecciones
habituales.
¿Por qué la exigencia del esfuerzo constante puede ser
una trampa mental?
Porque
invalida la posibilidad de vivir en paz y fluidez en el presente, condicionando
el bienestar a una lucha permanente o al agotamiento físico y emocional para
validar la propia valía.
¿Cómo ayuda la observación consciente a superar este
patrón?
La
observación consciente nos permite presenciar los pensamientos y roles
aprendidos sin identificarnos con ellos. Al retirar el crédito a la historia
mental, recuperamos el eje interior y el protagonismo pleno de nuestra vida.
©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Escritor
Terapeuta holístico
Diplomado en Ayurveda







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