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Para que este ser mágico se haga presente, el primer
paso físico y psicológico es establecer un espacio especial en nuestra casa. No
necesitamos un lugar enorme, basta con un rinconcito apartado donde podamos
estirar una colchoneta, un yoga
mat o una alfombra, y quizás una manta para aislarnos del frío del suelo.
Este no es el lugar donde nos vamos a dormir, sino un espacio consagrado a la
consciencia, un terreno sagrado donde, a partir de ahora, permitiremos que
aflore nuestra serenidad.
La
respiración diafragmática como puente a la calma
Una vez que nos acostamos sobre nuestra colchoneta, con
la espalda bien apoyada, entramos en contacto con una herramienta vital: la
respiración de la panza o diafragmática. Si llevamos las manos al abdomen y
cerramos los ojos, podemos observar cómo el aire entra y sale por la nariz.
Cada vez que inspiramos, la panza se hincha como un globo, empujando las manos;
cada vez que exhalamos lentamente, el abdomen se hunde.
Este simple ejercicio biológico nos calma de forma
inmediata. Relaja el pecho, suelta las costillas y aquieta los pensamientos. Es
una respiración a la que podemos recurrir siempre que necesitemos liberar
emociones negativas como el enojo, la frustración o la rabia, predisponiéndonos
de la mejor manera para cualquier práctica o situación de nuestra vida.
El
verdadero significado del Yoga y sus cinco caminos
Para dimensionar lo que hacemos cuando practicamos, es
fundamental remontarnos a la India de hace más de 5.000 años y al idioma del
yoga: el sánscrito. En esta antigua lengua, Yoga significa unión. Es la unión de nuestro cuerpo físico, nuestra
mente (el motor de los pensamientos) y nuestro espíritu (esa vibración
energética que nos conecta con el universo). Se trata, en esencia, de la unión
de nuestro ser consciente con la consciencia superior.
En Occidente, solemos llamar "yoga"
únicamente a la práctica de las posturas (las asanas), pero en realidad, esta disciplina tiene
cinco ramas principales que nos guían en la evolución de nuestra consciencia:
·
Bhakti Yoga (el yoga de la veneración): Nos conecta
con lo sagrado, como la naturaleza, la Tierra (Pachamama o Gaia). Dedicarle
nuestras acciones ecológicas y de cuidado personal a la Tierra es practicar
Bhakti Yoga.
·
Raja Yoga (el yoga de la mente o superior): Está íntimamente
ligado a la meditación, a la quietud profunda y al trabajo con nuestra energía
sutil una vez que el cuerpo físico se ha relajado.
·
Karma Yoga (el yoga de la acción): Basado en que somos
almas acumulando experiencias vida tras vida. Cada acción positiva, como
decidir ayudar conscientemente a quien lo necesita, purifica nuestra energía y
salda nuestras cuentas cármicas.
·
Jnana Yoga (el yoga del conocimiento): Es la evolución
a través del aprendizaje racional, ya sea estudiando textos, escuchando a los maestros
u observando cómo funciona la naturaleza.
·
Hatha Yoga (el yoga físico): Es el trabajo con el
cuerpo, la fuerza, el estiramiento y la armonización de nuestra energía vital
en este mundo de tercera dimensión, donde la materia es nuestro vehículo de aprendizaje.
La
evolución humana reflejada en las posturas
El Hatha yoga y sus posturas básicas nos cuentan, en
gran medida, la historia de la humanidad y el desarrollo que todos atravesamos
desde que nacemos. Si prestamos atención, los movimientos de la práctica
reflejan nuestra propia evolución: Comenzamos desde la postura de acostados (Shavasana o postura del cuerpo
muerto), que nos conecta con el principio y el fin de la vida, siendo la
postura más natural de un recién nacido. Luego, a medida que un bebé adquiere
fuerza, pasamos a la postura de sentados,
que yergue nuestra energía hacia el planeta y nos permite meditar.
El siguiente paso evolutivo natural es movernos, lo que
nos lleva a la postura del gato
(gatear), esencial para la flexibilidad de la columna y los órganos internos.
Antes de ponernos de pie, ensayamos levantar las caderas armando la postura de la carpa (o V
invertida), el paso previo fundamental que realiza un niño pequeño antes de
lograr la postura de pie (bípeda). Estando de pie, el ser
humano finalmente se estira, camina y se expande en toda su capacidad material.
Yoga de la
A a la Z: El autoconocimiento continúa
Este recorrido sobre nuestra historia corporal, las
asanas y el sánscrito forma parte de los fundamentos de nuestra práctica, y es
exactamente lo que abordamos en el video número 02 de nuestro curso completo de
20 clases: Yoga de la A a la Z.
El yoga no empieza y termina en el mat. Allí comienza, pero nos
inspira una conducta y una forma de ser que aplicamos luego al resto de las
cosas. Podemos trabajar, estudiar o relacionarnos con nuestras familias
manteniendo esta actitud de unión y consciencia.
A continuación, comparto el video completo de esta
segunda clase para que te acuestes en tu espacio sagrado, cierres los ojos y
comencemos juntos la práctica de hoy.
Nos encontramos en la próxima clase. ¡Namasté!






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