3 dic. 2015

El sonido y su influencia vibratoria en el Ser



Cuenco tibetano de metal
Cuando hablamos de sonido, lo primero que resuena, siempre, es que el origen de TODOS está en ese acto de la energía. Primero está el sonido y luego todo lo demás. Tal es el caso de “OM”, como una célula originaria de movimiento de la materia, y también los sonidos de la naturaleza que vinieron después, los creados a través de tecnologías, armonizadores o no.

El sonido es la energía vibrando, sutil e intangiblemente. Puede ser audible o no, pero en todos los rangos de frecuencia afectan a todo lo demás, a veces de manera obvia y otras tantas sutilmente.

Diversos experimentos muy simples han demostrado que ciertas palabras, ciertos sonidos, influyen sobre los seres vivos, como por ejemplo las plantas que al hablarles de manera amorosa crecen más fuertes y sanas. También existen trabajos hermosos y recomendables como “Mensajes del agua” de Masaru Emoto en el que el investigador japonés capta imágenes de las moléculas del agua siendo influidas por diferentes sonidos, creando patrones de belleza o de desarmonía en el conjunto observado, de lo que se desprende que, dado nuestro alto contenido de agua en el cuerpo físico, los sonidos influyen fuertemente en nuestras estructuras moleculares. Ocurre lo mismo con los bebés – y no tan bebés - y las canciones de cuna o los tonos que se utilizan para calmar y ayudar a conciliar un sueño en paz.





El sonido como terapia

Nuestro cuerpo tiene unos patrones energéticos que se modifican con el entorno. Estos patrones determinan las funciones sutiles de nuestro ser de luz, junto con las conductas emocionales. Uno de los elementos que influyen en nuestros equilibrios o desequilibrios es el sonido.

En circunstancias ideales, partiendo de una base de armonía, la influencia de determinados sonidos altera nuestros centros desequilibrándonos. Por ejemplo, el trueno, de baja frecuencia, altera el centro de energía de la supervivencia, chakra raíz, creando, en muchas ocasiones, sensación de miedo a la muerte. En ese mismo rango están el sonido permanente del tráfico de vehículos de las grandes urbes. Otras notas disonantes, como bocinas, guitarras eléctricas, las uñas raspando contra una pizarra, etc. alteran otros centros de energía, creando intolerancia, euforia u otras emociones, evidentemente desequilibrantes.

Es por ello que el contacto con la naturaleza, con el discurrir del agua o el canto de las aves, y, especialmente el silencio que nos permite limpiarnos de los desequilibrios, son evidentemente armonizadores. Unos días en el campo, para cualquiera que esté habituado a las estridencias de las ciudades, resultan un bálsamo liberador y relajante.

Dentro de la vida diaria, cuando los desequilibrios se producen por otras razones, como las emociones o conflictos psicológicos, el sonido funciona como un puente al equilibrio y es allí donde entran las herramientas y terapeutas que comparten el medioambiente cotidiano.
Los estudiosos del tema, los practicantes de terapias con sonido, saben qué sonidos utilizar para llevar cada centro de energía a su equilibrio. Diferentes notas, afinadas correctamente, influyen en los chakras liberándonos de los desequilibrios, inquietudes o incomodidades sutiles que nos alteran.

Vibración, música y voz

Mujer tibetana haciendo resonar un cuenco
Los tibetanos utilizan sus cuencos que fabrican con aleaciones de diferentes y variados metales que al ser golpeados o rozados vibran en una frecuencia determinada, produciendo ciertos sonidos y ondas vibratorias. Por el mismo principio los cuencos de cuarzo son fabricados con mucho cuidado para conseguir la vibración adecuada.

En Yoga, desde el comienzo, la voz humana tiene el mismo objetivo. Los mantras y kritans, la repetición de determinados sonidos, como “om”, “ham, “lam” etc., afectan a los diferentes chakras y pueden ser utilizados para su armonización.

Más complejamente, algunos tipos de música, algunas afinaciones, provocan el mismo efecto. La musicoterapia es una disciplina que en occidente funciona para alcanzar la armonía interior. Podría ser tomada como contracara de utilización de la música como vehículo de desarmonización que puede anclarnos a las bajas frecuencias, llevándonos a vibrar en las notas bajas de nuestra alma y transitando el camino opuesto a la iluminación.

Cantar es una actividad que, al mismo tiempo que libera la tensión de algunos chakras específicos, como el laríngeo y el emocional en el centro del pecho, armoniza todo nuestro cuerpo al utilizar todo el rango de frecuencias de la voz humana, hecho que se da, mucho más profundamente en la participación de un coro, tanto para el que escucha como para el que canta.

Muchos ritos sagrados son fuentes de armonización. Todas las culturas utilizan este recurso, algunas veces siguiendo la ancestral intuición y el pensamiento lateral y otras como una construcción intelectual de años de búsquedas relacionando vibraciones sonoras, emociones y sensaciones como guía.

Siempre partimos de la armonía natural, del centro original de nuestro equilibrio. Los sonidos no tienen moral, pero sí producen efectos en el cuerpo físico y energético. Los desequilibrios pueden repararse a través del sonido, siempre y cuando utilicemos las notas correctas para cada centro energético de nuestro Ser.

Pablo Rego ©2015
Profesor de Yoga
Masajista-Terapeuta Integral
Diplomado en Salud Ayurveda (Medicina de la India)


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