8 abr. 2016

Practica yoga y despierta.

Foto © Photobucket
por Pablo Rego | El despertar es un estado incipiente que se puede alcanzar a través de un camino de limpieza profunda, espiritual, mental y hasta celular y genética. El yoga es un gran aliado en el camino que inevitablemente nos conducirá a tener más felicidad en nuestras vidas.

Muchas veces se menciona el término “despertar de la consciencia” o se dice “estar despierto” cuando se hace referencia a un estado de la consciencia que no es el ordinario aunque tampoco es “la iluminación”.

Cuando hablamos del despertar de la consciencia hacemos referencia a una gran cantidad de conceptos que pueden ser comprendidos por la mente, pero que antes, necesariamente, debe haber sido una experiencia.

La consciencia espiritual de la que hablamos es mucho más que el estado normal consciente en el que podemos percibir nuestro entorno a través de los sentidos creando conceptos en la mente para construir un mundo entorno al ego. Es un estado en el que es posible captar mucho más allá de los conceptos de la mente, superando esos límites, los propios, para alcanzar un estado de percepción instantánea del Universo.

El yoga, a través de sus distintas ramas, y la meditación, proponen una práctica que va deshaciendo de apoco las estructuras internas creadas a partir de conceptos a los que nos hemos ido aferrando y a los que les hemos dado la categoría de “permanentes” o “inmodificables”.

Esta milenaria disciplina ha surgido de la práctica, la observación y la experiencia. Todo ello ingresa a nuestro Ser cada vez que realizamos una sesión y va modificando patrones de manera silenciosa y amable para reordenar las piezas que se nos han ido desajustando con el correr de los años, ya sea por experiencias personales, formación psicocultural o influencia del entorno.

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Para despertar hay que dejar de estar dormido.

Éste es el secreto que nos puede aportar la mejor idea para establecer un punto de partida en el que el yoga nos va a servir de puente para ir de un lugar al otro.

Despiertos nacemos, con todo el potencial para ser libres, para realizarnos, para ser felices. Los niños suelen demostrarnos cuánto más despiertos están que los adultos. Por ello se dice “despertar al niño interior o al niño que llevamos dentro” Ese es un estado natural que se va perdiendo con el tiempo, a medida que entrenamos a la mente para alcanzar objetivos de competencia en el mundo material.

La práctica de yoga y su evolución hacia la meditación, trabaja a niveles profundos dejando emerger ese estado original de manera natural. Porque cada estado crea una sensación y la sensación de quien ejercita yoga se parece más a la del niño jugando absorto en su mundo interior que a la que tenemos cuando la mente gobierna ordinariamente nuestra consciencia.

Claro está que no es fácil llegar a conseguir ese estado en la práctica, pero tampoco tan complicado. Una buena sesión de yoga, una correcta guía,  debe llevarnos de manera natural a unas sensaciones de libertad, de serenidad, de ausencia total del cálculo, a un estado que se parece en todo al del niño “haciendo” por el sólo y fundamental hecho de experimentar el mundo al que vino a vivir.

La experiencia regular de la práctica nos ayuda a familiarizarnos con esos estados y de apoco la mente asume que eso es posible. Si nos proponemos cambiar esas estructuras internas de un momento para el otro la mente creará resistencias y nos dirá con su voz silenciosa “el yoga no es para mí”, “me aburro practicando yoga”, “yo necesito algo más activo”, “no soy suficientemente flexible o ágil o joven o adulto” o cualquiera de esas frases típicas que los profesores de yoga hemos escuchado cientos de veces.

Sea cual sea la situación personal que nos lleve a comenzar o a continuar la práctica de yoga, siempre puede vislumbrarse la intención de cambiar algo en nosotros. Y eso es lo que desarticula a la mente, ese es el principio del cambio.

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Despertar hacia el bienestar, la felicidad y la paz interior

Cuando conseguimos introducir el yoga como un hábito en nuestras vidas, si lo practicamos conscientemente y con regularidad, el proceso de cambio se produce de manera natural y lo que elegimos, lo que percibimos, lo que se nos hace presente, comienza a tener más que ver con nuestra esencia que con todo lo que hayamos aprendido por osmosis sociocultural en el pasado.

Allí debajo de todo ese ruido mental, de los números, los intereses, los conflictos heredados, las expectativas, las frustraciones y también los logros, las batallitas personales del ego, las competencias ganadas o perdidas, allí detrás está el verdadero Ser capaz de comprenderlo todo en un instante, ése que vino al mundo a experimentar libremente y a ser feliz, esperando para que lo liberemos, para ser el protagonista.

Dado que este proceso no es para alcanzar ninguna meta sino, por el contrario, para alcanzarnos a nosotros mismos, siempre se está a tiempo de hacerlo. Cuando realizamos una actividad como yoga se dará de manera natural, antes o después.

Primero el cuerpo, después la mente, luego las estructuras energéticas, las emociones para alcanzar a cada una de las células que nos conforman y llegar a influir en nuestro ADN. Así de profunda es la transformación que podemos hacer y así de natural.

Por ello, quien practica yoga con regularidad y deja que el tiempo sea el que deba ser, sin prisas, sin objetivos superficiales que nos puedan llevar a la frustración, de apoco comienza a transformar su vida, cambiando la dieta, la manera de relacionarse con los otros, las actividades, etc., dando pequeños y certeros pasos hacia un camino de bienestar y comprensión de la vida misma que podemos denominar “el despertar”.

© Pablo Rego
Profesor de Yoga
Masoterapeuta holístico
Diplomado en Medicina Ayurveda de India

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