13 ago. 2016

Claves para el aprendizaje de Yoga.

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por Pablo Rego | Acostumbrados a condicionar la mente primero y llevar a la realidad después, la exploración de las propuestas de Yoga, la adaptación a las posturas, la actitud necesaria para su práctica, proponen el primer reto, especialmente a los adultos occidentales: recuperar el contacto con la intuición, la experiencia y la imitación como caminos para el aprendizaje.

Son muchos los años que pasamos entrenando nuestra mente para la lógica y la competencia. En un mundo en el que los sistemas de enseñanza están fundamentados en el rendimiento y la cumplimentación de  objetivos, la dimensión del juego y el “dejarse llevar” van perdiendo fuerza hasta, en muchos casos, desaparecer por completo de nuestras vidas.

Cuando nos proponemos practicar Yoga nos encontramos con una dificultad que es intentar llevar la mente a su mínima expresión o dejar de seguirla y, al mismo tiempo, aprender o intentar seguir unas pautas de acción determinadas.

La confianza

El entrenamiento en la competencia nos vuelve muy selectivos a  la hora de confiar en otro ser humano. Por supuesto que hay matices, que hay seres más comprensivos y abiertos, más confiados o menos competitivos, pero, en general, el común de los practicantes principiantes de Yoga se predisponen a la recepción de la información, técnicas o propuestas de rutinas en una sesión con una actitud distante, intentando racionalizar primero para decidir luego si ejecutar o de qué manera encarar lo propuesto.

La desconfianza es una barrera que debemos franquear para dejarnos llevar. Es como el ciego que comienza un entrenamiento para poder desplazarse por su propia casa primero y por las calles después; fundamentalmente deberá confiar en la guía de otro hasta que esté preparado para desplazarse por sus propios medios.


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La imitación

En nuestras vidas la imitación aparece antes que la racionalización. Un bebé de pocas semanas comienza a observar y a imitar gestos y sonidos, aun sin estar preparado para hacerlos tal cual los ve. Conforme va creciendo desarrolla las capacidades básicas de su propio funcionamiento por imitación; otras, como determinados movimientos o el lenguaje, ya son entrenamiento intelectual.

Ese momento clave en el que comenzamos a reconocer el mundo que nos rodea por primera vez, simplemente percibiendo e imitando, o encontrando nuestros limites para ir desarrollando nuestras capacidades y superarlos naturalmente, es una excelente referencia para llevar al aprendizaje de Yoga.

Con la mente en calma, conscientes de nuestro entrono y de nosotros mismos, siguiendo la guía, muchas veces hablada y otras tantas ejecutada prácticamente, sin crear pensamientos, sin intentar discernir ni reflexionar, la práctica de Yoga se vuelve parte de nuestros movimientos de manera natural.

La no-activación de la mente

Tanto si somos aprendices como si estamos guiando una sesión, debemos tener en cuenta que la transferencia de información debe hacerse de manera tal que la mente permanezca en calma.

Las anotaciones, las preguntas y respuestas, la interpretación y la reflexión deben ser reducidas y estar claramente delimitadas en un espacio que no se mezcle con el momento de la práctica concreta de ejercicios, asanas, pranayama, etc.

Si la sesión de Yoga se convierte en una clase de las que abundan en las escuelas de educación inicial, primarias, secundarias, terciarias, universitarias, institutos, colegios, etc., con un expositor que habla y unos receptores que escuchan, anotan y eventualmente preguntan, estaremos cambiando los principios del aprendizaje de esta disciplina que lleva siglos siendo transmitida directamente de Maestros a aprendices o discípulos.

En ese clima, quien guía la clase, acompaña en la experiencia, utiliza todos los recursos para mostrar y acompañar en la realización, responde más con actos que con largas explicaciones, corrige en los hechos y fomenta la cercanía, la confianza y el silencio mental. 

La intuición

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Con la confianza como elemento presente y la imitación como forma de tomar la información, aparece un vértigo inevitable en el común de los seres modernos excesivamente excitados y conectados, que es el que produce la trascendencia de la razón, tanto para la práctica de Yoga como para cualquier otra actividad que tuviésemos que realizar.

El vértigo aparece cuando, por ese entrenamiento constante desde la niñez, hemos incorporado aquello de que primero pienso y luego actúo. Quizá en otros ámbitos esto sea importante aún, quizá, dependiendo de dónde o cómo vivamos, sea fundamental esta relación entre pensamiento y acción.

Pero la práctica de Yoga es una invitación a deshacernos, en principio por el lapso de tiempo que dura la sesión, de esa relación condicionante que neutraliza por completo la intuición. Así como ejercitamos la utilización de la razón para todo, para entrar en profundidad en la dimensión de la práctica, debemos ejercitar el dejar de utilizarla.

La intuición nos permitirá saber quiénes somos, dónde estamos y qué hacemos sin necesidad de pensarlo. Con la razón desactivada, podremos practicar sin pensar, dejándonos llevar a la realización de unos ejercicios que, al comienzo, podrán parecer extraños, pero que siempre que estarán desarmando las estructuras rígidas del cuerpo y de la mente.

Conectar con el niño interior

Volver al niño interior no es comportarse como el niño que no somos realizando una imitación mala y vergonzante de un estado del ser humano. Volver a nuestro niño es conectar con ese estado en el que la imitación es la manera de aprender, en el que la confianza está presente, en el que somos capaces de seguir caminos sin definirlos como buenos o malos, es liberar la intuición para transitar la realidad sin interferencias de la mente.

Esta manera de aprender, contraria a las estructuras de los sistemas contemporáneos que llevan siglos en nuestras sociedades, es una de las dimensiones más poderosas que podemos experimentar en una práctica de Yoga verdaderamente transformadora.

De la aplicación de este marco conceptual surgirá gran parte del cambio en el estado de ánimo, en la liberación de límites mentales, en la capacidad de confiar en el otro ya que, al deshacernos de  los conceptos adquiridos en la educación formal, modificaremos el paradigma emocional de nuestro Ser, creando una nueva estructura energética y una nueva forma de percibir y percibirnos.

©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Masajista-Terapeuta holístico
Diplomado en medicina Ayurveda de India 

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