19 may. 2016

Otoño, época de adaptación al frío.


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por Pablo Rego | Cuando llega el frío nuestro cuerpo comienza a verse afectado por el entorno y reacciona naturalmente para adaptarse. El otoño es una época de transición en la que podemos utilizar nuestro conocimiento o aprender a tener en cuenta ciertos factores que nos permitirán atravesar de la mejor manera el cambio de estación climática.

Con las primeras bajadas de temperatura, durante el otoño, aparecen la tendencia a la depresión, a quedarse adentro junto a la estufa, a cruzar los brazos limitando el movimiento del tórax, lo que reduce la actividad respiratoria, provocando menor oxigenación, una reducción del proceso energizante y el impedimento para que se produzca naturalmente la elevación de la temperatura corporal.

Es importante tener en cuenta los cambios de hábitos lógicos de esta época del año y actuar para regular los procesos que nos ayuden a mantenernos saludables y activos.

Los alimentos

Venimos del calor, de comer más liviano, comidas con poca estructura, quizá más ensaladas crudas y fruta, cosas frías. Este tipo de alimentos nos entregan algunos elementos como el agua que contienen, algo necesario en una época en la que sudamos más. Y por ser alimentos con poca estructura aportan menos calor al cuerpo, por eso nos resultan refrescantes.

Evidentemente, al comenzar el frío deberemos incorporar alimentos con más estructura, calientes  y también líquidos, agua o caldos naturales, para que nuestro cuerpo continúe recibiendo una cantidad razonable de agua y evitar los típicos problemas en las vías urinarias del invierno.

Según el Ayurveda, medicina tradicional de la India, también es importante aportarle al cuerpo sabores agrios o ácidos, dulces y salados. Los sabores afectan a nuestras estructuras físicas y psíquicas. Los mencionados, en particular, actúan sobre los elementos aire y éter, evitando la inestabilidad, la volatilidad y el exceso de ligereza de nuestro organismo. Utilizando este aspecto de los alimentos como guía podemos determinar cuáles nos conviene tomar.

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Actividad física

La actividad debe ser intensa y es muy importante tener en cuenta una buena entrada en calor para evitar contracturas o roturas de las fibras musculares.

Actividades como Yoga permiten mantener el estado del cuerpo físico, cuidando también el energético para evitar desequilibrios. Una rutina intensa elevará la temperatura corporal y, en esas condiciones es posible mantener el estiramiento que se contraponga al acortamiento natural provocado por el frío.

Naturalmente, en el cuerpo, las fibras musculares y tendones expuestos a bajas temperaturas tienden a contraerse mientras que el calor ayuda a la elongación. Si dejamos que la contracción provocada por el clima frío se apodere de nuestro cuerpo, se producirá un acortamiento masivo que alterará todo nuestro organismo. Por ello es importante activar, calentar y estirar el cuerpo.

La respiración

Es importante practicar algunos ejercicios respiratorios energizantes. Respirar intensamente es importante ya que se activa el metabolismo y podemos elevar la temperatura del cuerpo de manera natural.

Pranayama, la antigua ciencia de la respiración ligada al Yoga, nos ofrece ejercicios como Kapalabhati, un ejercicio de activación intenso que se realiza inhalando y exhalando con fuerza y rapidez. El rápido movimiento del diafragma y los pulmones elevan la temperatura interior del cuerpo y fuerzan la circulación de la energía por los canales principales.

Estos ejercicios elevan los niveles metabólicos, desintoxican y aclaran la mente, permitiéndonos percibir el entorno y vivir los días cortos y fríos con mayor optimismo.

El Sol

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El organismo humano está completamente ligado a la presencia del sol y a su irradiación natural. Sin sol no existiría la vida y es el astro rey el que condiciona muchas de nuestras actividades. Si en verano la irradiación de los rayos UV es muy intensa nuestro cuerpo acusará recibo. Si, por el contrario, es muy débil, también.

En invierno tenemos la posibilidad de aprovechar la mayor cantidad de luz solar como una de las maneras naturales de cargarnos de energía, de activar el metabolismo y, por supuesto, de tomar calor de una fuente natural.

La glándula pineal en el centro de nuestra cabeza capta los caminos naturales, las horas de luz, y ajusta las hormonas y sustancias que nuestro organismo necesita. Si evitamos el sol, sobre todo en los meses de menor irradiación, estaremos complicando las respuestas naturales que nuestro cuerpo tiene en su genética para adaptarnos al frío, al invierno y a los días cortos.

Las emociones

No sólo el frío es factor de cambio, también las horas de luz natural a las que estamos expuestos. Hay organismos que ante la combinación del frío y la reducción de las horas de luz solar tienden a manifestar una tendencia a la depresión.

El centro energético que se ve afectado, es el tercer chakra, en el abdomen, el chakra del poder del Yo que está completamente ligado a los riñones y sus glándulas. Por ello es lógico que el cuadro sea la tendencia a la depresión, el desgano y que, como consecuencia de esta situación, muchas personas tiendan a quedarse completamente inactivas, junto al calefactor y mirando el televisor.

Es importante que si bien con los primeros fríos el estar adentro y la estufa nos puede dar algo de sosiego, si pasamos cuatro o cinco meses de esta manera, acabaremos por enfermarnos.

Tomando en cuenta todos estos aspectos durante el otoño, es posible que lleguemos al invierno preparados para transitarlo con buena predisposición y una mejor respuesta de nuestro sistema inmune. Tanto los alimentos como los hábitos, la actividad física y la exposición al sol, crearán un marco psíquico, físico y emocional que nos permitirá adaptarnos con mucha más naturalidad al clima frío evitando enfermedades y dolores masivos en el cuerpo.

Pablo Rego
Profesor de Yoga
Diplomado en Medicina Ayurveda de India
Masajista-Terapeuta holístico.

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