22 ene. 2016

El Yoga y la cuestión de género


Swami Sivananda
principal impulsor del Yoga en occidente
por Pablo Rego | Es evidente que la mayoría de entre los practicantes de yoga en el mundo occidental son mujeres. Si bien en los grandes centros urbanos la diferencia no siempre es notoria, en pequeñas poblaciones, donde lo que está de moda tarda un poco más en llegar, la diferencia entre mujeres y hombres que practican habitualmente yoga es muy notable a favor del género femenino.

¿Es que los del género masculino no pueden beneficiarse de tan rica y transformadora actividad?

La respuesta quizá esté encerrada en unos conceptos fuertemente arraigados en las mentes, como es habitual, de los integrantes de las sociedades en donde el Yoga arribó como una práctica diferente dentro de las actividades y disciplinas físicas, además,  en relación con la mente y lo espiritual.

Si observamos las grandes escuelas tradicionales de India y sus líderes, los rishis, swamis y gurús han sido siempre hombres. Las imágenes de yoguis y todo aquello que nos conecta con la gran sabiduría y práctica de Yoga está relacionado con lo masculino.

A estas alturas y en este sentido podemos decir que hay una evidente influencia de las características sociales de la India antigua o tradicional y el rol que podían desempeñar hombre y mujeres en esas sociedades. Para encontrar datos que relacionen a las sociedades y rituales espirituales  con lo femenino debemos quizá retroceder hasta la antigua civilización del valle del Indo, pero entonces perderíamos el rastro del Yoga.

Lo cierto es que el protagonismo de las mujeres en toda la tradición antigua del Yoga es casi inexistente. Y fueron masculinos los responsables de introducir y fundar las primeras escuelas de Yoga en occidente.  Este primer fenómeno del Yoga en occidente ocurrió en grandes ciudades y muchos de los Maestros que generaron un primer grupo de practicantes y seguidores se veían como ejemplos a seguir por seres de ambos sexos.

Con el tiempo los arquetipos de belleza o construcción de fortaleza en el cuerpo en occidente fueron reforzando unas estructuras que, mientras el Yoga se ocupa de destrabar y relajar el cuerpo, estas estructuras en cambio crean imágenes de hombres fornidos, completamente rígidos y alejados de sus emociones.

En el mundo moderno no tiene mucho sentido crear estos cuerpos físicos ya que muchos individuos que se dedican a endurecerse y construir corazas con sus músculos no utilizan ese cuerpo para algo concreto en el plano físico sino, más bien, desarrollan actividades poco activas, dejando al cuerpo reducido a un traje que representa un arquetipo de hombre duro que se parece al macho dominante de la manada, pero que en lo profundo no tiene nada que ver.

Swami Vishnudevananda practicando.
Discípulo de Sivananda y fundador de los
primeros centros de Yoga en occidente
En cambio, cuando el Yoga comenzó a expandirse a lo largo y a lo ancho de los territorios de occidente, las mujeres, en su mayoría más conectadas con las emociones y desprejuiciadas de su mundo interior, recibieron a la actividad de manera muy natural adoptándolo como una práctica a su medida, volviéndose así, de alguna manera, una gimnasia para mujeres.

Varias décadas atrás hubo un Yoga de mujeres que se redujo a algunos ejercicios y poca actividad respiratoria o meditativa. Este fenómeno creó una “idea de lo que el Yoga es” y todos, hombre y mujeres, definieron al Yoga como gimnasia suave que practican las señoras que no quieren o no pueden moverse mucho.

Pero con la revolución mundial del Yoga, las diferentes escuelas y la masificación que ha tenido lugar en los últimos tiempos en el mundo, la oportunidad de practicar Yoga de manera intensa, activa y consciente se ha ido desarrollando y va creciendo por los mismos caminos que lo hizo la primera idea de Yoga.

Recuperando el conocimiento de los grandes Maestros y practicando comprometidamente, los hombres del siglo XXI pueden activar su consciencia profunda y deprenderse de las presiones ejercidas por los arquetipos del pasado, conectándose con las propias emociones y volviéndose hombres mas completos, o sea, más hombres, desde lo físico y también desde lo emocional.

En este tiempo, en el que todavía en muchos lugares la idea de que los hombres pueden practicar Yoga junto a las mujeres, beneficiándose los seres de ambos géneros de esta actividad, parece difícil de entender, los cuerpos físicos masculinos manifiestan el exceso de resistencia al cambio a través de lesiones típicas. Los mandatos y los excesos en el mundo material llevan la rigidez a los extremos y la ignorancia de las emociones evitan que las alarmas que llevan al Ser a detenerse y salvarse funcionen correctamente, provocando dolencias, lesiones y enfermedades muchas veces irreversibles.

Estamos en un momento de cambio en el que las energías del pasado se están reciclando. La integración es necesaria para que el Ser humano pueda crecer en el mundo de la consciencia. Para ello es necesario liberar las emociones y las energías que desequilibran y desarmonizan las estructuras sutiles y densas de nuestro Ser
.
Mujeres y hombres compartiendo la práctica en un encuentro de Yoga en Pakistán

El desafío del género masculino está en reconocer sus sensibilidades, trabajar con ellas, liberarse de la propia idea de la súperfortaleza exterior para conectarse con la fuerza interior que ayude a crecer en sabiduría y no en volumen o fuerza físicos.

Si de buscar la felicidad o el bienestar interior se trata, las mujeres han sabido esto desde siempre, y aunque muchas puedan haberlo olvidado en el siglo pasado como una reacción a tanta humillación y sumisión de siglos, la naturalidad con la que toman actividades desestructurantes como el Yoga es algo extraño y lejano para muchos hombres que refuerzan el prejuicio y el camino del esfuerzo extremo e inútil.

©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Masajista-Terapeuta Integral
Diplomado en Ayurveda (Medicina de la India)

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